A veces pienso que debe ser el aire lo que hace que cuando aterrizo en mi isla me obliga a agachar la cabeza, a que resurga de nuevo la timidez enfermiza que tenía en mi adolescencia, me hace volver a ser aquel niño tímido y regordete que tenía miedo de su misma sombra; el aire debe pesar allí más que en Barcelona, donde vivo desde hace tres años.
Cuando aterrizó en el aeropuerto una extraña sensación de calma me invade, una sonrisa boba invade mi cara y atravieso el pasillo hasta la recogida de equipajes con la ilusión de que mi equipaje salga pronto y ver quien hay detrás de la puerta de salidas.
Pasados unos días después de que has acabado de saludar a la familia, y de demostrarte lo mucho que te quieren, y lo “mucho” que te han echado de menos , todo vuelve a su completa normalidad, todo el mundo es lo que realmente y lo que más miedo me da es que yo pueda ser realmente así, puede que en realidad mi vida este destinada a acatar todo lo que se me dice a agachar la cabeza y comerme cualquier deseo de ser algo más en la vida, ya digo que el aire allí debe tener algo; algún tipo de hipnótico que hace que mi perspectivas de futuro cambien radicalemente y me vuelva un extremadamente conformista.
Me planteo si tal vez merece la pena tanto sin sabor, si mi vida no sería mejor si estuviera en casa, protegido de las inclemencias de la vida real, de los malos rollos, de las alegrías seguidas de hondas penas.Soy un poco como aquellos que sacrificaban su libertad, durante la Edad Media, a cambio de la protección de un señor despota.

tu sentimiento no es unico en este mundo,para bien y para mal