Veamos. Ser gay y votar a uno de los partidos que se han opuesto a la equiparación de derechos, al reconocimiento de NUESTROS derechos como ciudadanos, a NUESTRO matrimonio, a NUESTRAS adopciones…
O a uno de esos partidos que nos compara con peras…
O quizá a uno de esos partidos que, no sólo no se han mantenido al margen, si no que se han manifestado CONTRA NUESTROS derechos y libertades, pretendiendo que seamos personas de segunda, incluso con alusiones a nuestra condición como una traba…
O es posible que a uno de esos partidos, cuyos claros seguidores comunicadores nos han tachado de enfermos, desviados y, como no, MARICONES con todo el contenido despectivo que pueda tener la palabra en ciertos escenarios…
Ser gay, y votar a uno de esos partidos es… simplemente… absurdo.
Sea cual fuere el punto con el que estamos de acuerdo con uno de esos partidos: en su política financiera, en su idea de educación (que lo dudo), o en su política financiera, no deja de ser un partido que va en contra de lo que uno es… porque SER GAY, con nuestras diferencias y nuestra riqueza multicultural y multisocial, es algo trementamente importante para un individuo.
Es como ser negro, y querer formar parte del Ku Klux Klan, por que su política de empleo es magnífica.
O como ser judío y ser ferviente defensor de Adolf Hitler, porque… sea cual sea el motivo.
Ser gay, y votar a un partido que va contra algo tan esencial y tan personal (de persona, no de intimidad), es, simplemente, absurdo.
Es… como ser gay, y sentirse orgulloso de ser católico, pertenenciendo a una institución que le desacredita como individuo, cuando podría sentirse orgulloso de sus creencias siendo cristiano.
Si, es absurdo. Es hipócrita. Pero sobre todo, me temo, que es ignorancia e incultura.
Sed felices, pero si votáis… sabed lo que votáis.